Dentro de las sandeces (también conocidas como "folclore") que los pueblos españoles realizan en verano, véase tirar a una cabra de lo alto de un campanario, poner bengalas a un toro, o desperdiciar kilos de tomate tirándoselos los unos a los otros, hoy nos encontramos con la localidad granadina de Bérluches, cuya
gran idea consiste en celebrar la Nochevieja en agosto.
¿Las razones? Atraer a cuantos más turistas para hacer la mejor caja (por algo se llama
"hacer el agosto") y, evidentemente, tener su minuto de fama en
El perro flaco. No es que sea nada nuevo esto de cambiar de año en verano (en el hemisferio sur llevan haciéndolo toda la vida), pero sí un poquito lo de llenarse la boca de mantecados con 40 grados a la sombra.
Este nuevo caso de "spanish fiesta" fue ideado por
Miguel Toro (para un festejo patrio que no utilizaba a estos animalitos...) y tiene su origen en un fallo en el suministro eléctrico que en la Navidad de 1994 dejó a sus vecinos sin poder seguir la retransmisión de las campanadas. Para matar a la compañía que les dejó sin luz desde enero hasta agosto...