Una documentalista inglesa decidió investigar sobre si los productos cosméticos eran tan necesarios como se suelen decir. Así que
abandonó la ducha, el champú, las cremas y dentífricos para tal tarea.
Esta investigación ha tenido los siguientes, y esperados,
inconvenientes:
Desprendía un olor corporal difícil de soportar, así que le abandonaron hasta sus hijos. Sarro en los dientes, pelo al estilo “barro” y comentarios de la gente por la calle. Gente, que hasta que ella no afirmó que llevaba 40 días sin asearse, no la comenzaron a tratar como a una puerca más ¿No era suficiente su olor a cuadra?
Pero de este peculiar ramadán contra el aseo, sacó también sus
ventajas:
Pudo dormir 30 minutos más (el tiempo que tardaba en asearse). Su estado de salud no empeoró. Y pudo demostrar que la publicidad de los cosméticos miente. Tras esos 40 días,
la protagonista tenía hasta la piel más sana y brillante.
Y ahora, ¿a seguir la moda toca?