Os presentamos dos prácticas formas:
La primera, hacerle creer a tu hijo que ir al retrete es más divertido si se sube en esa cosa, que no sé para que servirá, pero seguro que de ahí no puede salir fácilmente, por muy feliz que se le vea...
La segunda, es hacer que se lance por un tobogán como en el de la fotografía, aunque para el queso sea muy útil, quizás con niños no sirva tanto. Pero todo es probar.