Con actos así no me extraña nada que la gente no respete a los políticos. Y es que, Cherie Blair, esposa del primer ministro británico, Tony Blair (uno de los que forman la santísima trinidad junto a Bush y Bob Esponja), recibió el lunes una estúpida distinción cuyo origen se remonta a la Edad Media; la llamada ‘Libertad de la Ciudad de Londres’.
¿Y de qué ostias trata?
He aquí la explicación. En tiempos de Maricastaña (1237), los grandes luchadores de las temibles batallas eran reconocidos por el pueblo como héroes. Se les premiaba con cenas y lujos, y sólo a los mejores se les daba una distinción especial: la conocida como ‘Libertad de la Ciudad de Londres’. Esa distinción suponía un poder inmenso (en aquella época claro está) sobre el resto de la gente, pues los elegidos podían pasear su rebaño por las zonas prohibidas para los demás, ir a lugares ‘céntricos’ con sables, y hasta emborracharse con una magnífica cerveza de barril e ir por la calle dando tumbos gritando improperios a las damiselas.
Pues bien, esa extravagante tradición (la he dramatizado un poco) aún se sigue practicando en Londres, pero ahora sólo se premia a las personalidades más reconocidas de la esfera de la política y de los negocios, dado que ya no hay vencedores en las guerras. Por fin la primera dama podrá hacer lo que siempre ha querido, llevar su rebaño de carneros por el Puente de Londres, ir al corazón económico de la ciudad equipada con un sable, o ir borracha o deambulando sin vergüenza alguna y sin temor a ser detenida...
¡Qué bonita es la sociedad de clases, y cómo les gusta restregárnoslo!