Si el deporte se te da bien, seguro que mantenéis una estrecha relación. Pero si ocurre lo contrario, es cuando surge el odio mutuo y este se acaba vengando
dejándote en evidencia y que hagas el ridículo mientras lo practicas. Pero esta regla no siempre se cumple: también a los "profesionales" le terminan pasando. ¡Qué cabrón puede llegar a ser el deporte!