A
las monjas de la siguiente y tradicional broma televisiva les va el
rollo porno, y es que tanto tiempo encerradas en el convento la han puesto un tanto calientes. Tanto que sus manos les arden en deseo y se les caen las
fotos de maromos desnudos al suelo por la calle. ¡Qué poca vergüenza tiene el celibato!