En Arizona, una abuela de 62 años tenía un pequeño vicio: era adicta al bingo. Pero su pensión de 275 dólares le era insuficiente para saciar su ludopatía, así que al parecer se dedicaba al contrabando de drogas. Sí, una abuela traficante; pasaría totalmente desapercibida, seguro.
La abuela, Leticia Villareal García afirma que la droga encontrada en su coche no era suya y que ni siquiera sabía que estaba ahí, delegando la culpa en el padrino de su hijo que le había pedido prestado el coche el día antes de que la policía hallase la marihuana en su coche.
El fiscal, viendo su adicción al juego, no dudó en que estuviese implicada en el tráfico de drogas. Afortunadamente para Leticia Villareal el fiscal de su caso decidió condenarle a sólo tres años de prisión dada su edad y la falta de antecedentes; no está mal comparado con los 12 años de prisión que podían haberle caído.
No me quiero ni imaginar la de tráfico de medicamentos que debe de haber en residencias, sobre todo en ancianos hipocondríacos: "te cambio la pastillita verde por 5€".