Un ejemplo claro de la necesidad inminente de algunas personas del GPS. En Tucumán, Argentina, un ladrón robó a punta de pistola una motocicleta, pero en la huida se perdió y le pidió ayuda a un hombre que se encontraba una esquina: fatal error. El hombre al que pidió ayuda era el dueño de la motocicleta, al que no había reconocido. Y efectivamente, le ayudó: le dio una paliza.
El dueño de la motocicleta acababa de salir de la comisaría de poner una denuncia por el robo cuando se encontró con el ladrón, y aprovechando la confusión de éste, aprovechó para darle una paliza al ladrón, que tuvo que ser rescatado por la policía y ser llevado a un hospital, ya que los golpes le deformaron el rostro (totalmente lógico).
La moraleja está clara. Además de la motocicleta le tenía que haber robado también el GPS si es que lo tenía, y si no tenía GPS la víctima, pues tenía que habérselo robado antes a otra persona, con eso hubiera evitado problemas mayores y ahora tendría la cara algo mejor de lo que la tiene.