Lo que estáis a punto de leer sería un buen guión de película si metiésemos un efecto especial por aquí, una mentirijilla por allá, alguna que otra dramatización –de esas que tanto nos gustan-…
El sábado 26 de agosto, durante un vuelo regional entre Ottawa y Winnipeg (Canadá), un piloto de la compañía
Jazz –filial de
Air Canada- tuvo la llamada de la madre naturaleza y se dirigió rápidamente al excusado a hacer sus necesidades fisiológicas (fue a cagar, para entendernos). Cual fue su sorpresa cuando al volver vio con horror que las puertas de la cabina de pilotaje no se abrían. Mediante el teléfono interno el piloto llamó al copiloto, quien se había quedado encerrado en la cabina, y éste tampoco fue capaz de abrir las condenadas puertas.
Mientras los pasajeros estaban atónitos observando cómo el piloto intentaba entrar forzosamente en la cabina sin éxito alguno –cual terrorista planeando un atentado-, las azafatas le ayudaron a desmontar la puerta de los goznes, hasta que finalmente piloto y copiloto se encontraron de nuevo -y se abrazaron- (aquí es donde meteríamos en la peli la escena de amor).
Según informaciones de la compañía, el incidente no supuso peligro alguno para los pasajeros, puesto que el copiloto podía perfectamente hacer aterrizar el avión él sólo.
“Este tipo de incidente es muy raro", explicó un portavoz de la compañía aérea. "Creo que es la primera vez que nos ocurre en un vuelo".
Lo que no nos ha quedado del todo claro es si con estas palabras el portavoz se refería al bloqueo de las puertas, o a las urgentes necesidades del piloto.