De pequeño siempre me decían que no aceptase caramelos de los desconocidos. Pues resulta que por una vez eso ha servido para algo. Y es que en una guardería de Alemania se encontraron un montón de caramelos en el suelo. Y en vez de tener un relleno común, tenían clavos.
Lo descubrieron los profesores (que seguro que se iban a quedar los caramelos para ellos y los irían usando en clase con eso de “Quien responda bien tiene un caramelo”) supongo que después de darles un bocado.
Hay tanto raro en el mundo, yo sé de cuatro o cinco cosas que podría haber hecho el de los caramelos con esos clavos en vez de intentar herir a los niños.