Muy inteligente no debe de ser el joven ruso Alexander Kishko. Cuando se encontraba en la sala de vistas en el juicio en el que se le acusaba de robar el móvil a una joven, ésta decide retirar los cargos y Alexander queda libre.
Para celebrarlo, qué mejor manera de celebrarlo que volviendo a robar: se acerca al estrado y le roba el móvil al juez. Obviamente, el juez se dio cuenta y no decidió quitar los cargos como la joven. ¿Resultado? Cuatro magníficos años de cárcel. Y, para quien se esté planteando robarle el móvil a una ex, debo aconsejarle que no lo haga sino quiere seguir los pasos de este ruso.