“¡Pepito, no hagas eso que está mal!”, nos solían decir nuestros padres, conserjes y profesores cuando nos veían lanzar esas bolas de papel higiénico mojado contra el techo y las paredes del baño del colegio. Cómo se pegaban, cuánto aguantaban. Nadie puede decir que nunca haya jugado con los amigos a ver cuál aguantaba más. ¿Qué iba a tener eso de malo? Sólo eran simples bolas de papel mojado… simples bolas de papel mojado que lanzadas con la suficiente velocidad y teniendo mucha suerte (o siendo muy gafe) pueden ir a parar contra el cristal de la cabina del conductor de un tren… rompiéndolo completamente… y lanzando los cristales contra la cara del conductor… causándole heridas de cierta consideración.

No es broma ni exageración, ya que en la estación de Bellinzone de Ginebra (Suiza), un rematado hijo de “perra” lanzó un rollo de papel higiénico empapado en agua contra la cabina de la locomotora de un tren, y como consecuencia, el cristal se hizo añicos, impactando sobre la cara del conductor, que tuvo que ser trasladado de inmediato al hospital. La policía ha declarado que sospechan que el causante del incidente fue un pasajero de la estación. ¿En serio? Yo ya pensaba que era algún terrorista de Al-Qaeda sin mucho presupuesto para atentados.
De momento la investigación sigue abierta, y siguen buscando testigos y culpables. Nuestras fuentes confidenciales nos han llevado hasta la señora de la limpieza. Aunque pensándolo mejor, más que intentar buscar al culpable, sería mejor que la policía buscase al inútil que fabricó los cristales.