Imagínate que vas
primero en una carrera. Enfilas la
recta de meta, tus enemigos detrás pegándose entre ellos, pero tienes una gran ventaja. Ves acercarse el final, la alegría se desborda. Levantas el brazo, lo sacas por la ventanilla,
la victoria es tuya.
Pero ocurre. Algo pasa, un imprevisto, a 2 metros del final todas tus ilusiones se pierden en el infinito. Y todo por culpa... De hacer el
tonto. Si es que hay que saber ganar…