El juzgado de lo penal de La Coruña absuelve a un hombre de 72 años que, tras intentar reiteradamente someterse a la prueba de alcoholemia, no pudo. Sí... todos cuando leemos esta frase, y en especial nos fijamos en la cifra, pensamos "Pobre hombre, no tendría fuerzas ni para eso a su edad". ¡Mal hecho! Como dice el refrán, "piensa mal y acertarás". El tío iba con una tajada de las que marcan época.
Según los agentes que le intervinieron, tenía el rostro congestionado, la voz pastosa y un fuerte olor a alcohol. Puesto que, en este caso, los agentes pudieron mostrarse ciertamente comprensivos (si a la tercera vez el aparato no muestra resultado se considera "negarse a hacer la prueba"), le hicieron salir del coche y caminar en línea recta. Y... ¡se negó!
Y ante un caso tan evidente, ¿cómo acabó absuelto? Como diría Horatio Caine más chulo que un ocho, las pruebas mandan. Y ante falta de pruebas, la presunción de inocencia prevalece. Como, por otro lado, no causó accidente no se le sometió a análisis de sangre, así que su abogado lo tenía en el bolsillo.
En fin, la conclusiones que sacamos de casos como este es que si vas tan tajado que ni entiendes lo que te dicen, puedes alegar que el agente no se comunicaba contigo y por eso no hiciste la prueba. Igual que si vas a 300 por la autovía no le da tiempo a la cámara a capturar tu matrícula. ¿No deja de ser curioso, verdad?