A estos italianos alguien debería explicarles aquello de “los chicos con las chicas”, y viceversa. Resulta que en el pueblo de Riccione, en la costa del Adriático, existe una playa en la que se pueden encontrar señales prohibiendo el paso específicamente a los hombres. Según parece, los varones que quieran ignorar esta amable sugerencia y deambular por la allí,
deberán pagar una tasa especial, aparte de contar con un incremento en el precio de las esterillas y las sombrillas. Vamos, por si no han pillado la sugerencia de que no son bien recibidos.
Parece que la medida responde al pertinaz voyeurismo propio de las playas, y para evitar la incomodidad y embarazo de las recatadas féminas que allí acuden. Curiosamente, se permite el acceso es a los perros, los únicos machos bienvenidos en dicha playa.