Esto no trata del personaje infantil
El gato con botas, pero sí que este gato se pone las botas. Es sencillo, es tan pequeño y adorable, que la dueña le permite todo tipo de confianzas, y si encima tiene frío, ya tiene la excusa ideal para darse un revolcón entre sus pechos:
¿Quién no querría ser ese gato?