Por el módico precio de 10 000 pesos colombianos (unos 3.5 €) un autobús de bogotá adquirió la vacuna contra la peste neo-bubónica. La necesidad de dicha adquisición radica en la amenaza potencial que un mendigo, con ganas de comer, puede presentar. No es que él sea el enfermo, claro está, sino las dos ratas que blandía como arma cuando quiso atracar el autobús del que os hablaba.
El
ratero [disco de la risa], procedió tan rápido en su atraco que el conductor ni se dio cuenta de que se le había colado con las ratas en la mano. Supongo que sí se dio cuenta cuando vio que el pasaje, en especial las féminas (así sucedieron los hechos... no me miréis mal, queridas), se subían a los asientos y gritaban como locas.
Además el tío, que era un cachondo mental, después de conseguir una suma mayor de la que exigía, hizo muecas con la cara y con las ratas para fastidiar al personal. Seguramente las mismas caras que debe poner cuando deshonestamente trata a esas ratas para poder utilizarlas a su antojo. Desde aquí pido a la asociación pro-derechos de los animales que eviten, con todos los medios económicos y humanos posibles, el uso de ratas y condicionamiento orwelliano de las mismas para fines delictivos. Porque, al fin y al cabo, se sienten ofendidas cuando para designar a un ladrón le llamamos "ratero".