Aunque hay coches muy bonitos, y siempre queda mejor llevar un Ferrari que un Ford Fiesta, hay que mantener los pies en el suelo y no venderlo todo por un automóvil. Y cuando digo todo, quiero decir que
los niños no los tienes para venderlos. Y es que una mujer de 21 años de Estados Unidos, estaba en la cárcel y decidió que lo mejor que podía hacer era vender a su hijo mientras tanto para
tener dinero al salir.
La encargada de hacer la transacción era su madre, es decir la abuela del chaval de ocho semanas, y
pedía 30.000 dólares por el bebé. Al final, una agente encubierta consiguió pillarles con las manos en la masa y el niño ha pasado a estar
bajo el cuidado de las autoridades. Todavía no se sabe que les pasará a los abuelos y la madre, pero evidentemente, sin coche seguro que se quedan.